Dicen que hay días que te levantas, como dice el dicho, con el pie izquiero y todo te va al revés, nada sale bien y solo piensas en que acabe de una vez.Hoy ha sido un día de esos. ¡Joder que día!
Me acostaba anoche cerca de la 1 de la madrugada preparando la documentación médica que necesitaba para el día siguiente. Hoy tenía mi hija Julia una revisión ordinaria en el hospital para hacerse un urinocultivo y estabamos citados a las 8:00 h de la mañana. Me levanto a las 7:00 h y despierto a los críos. Visto a Mario y preparo la ropa de Julia, ella se viste sola y mientras yo me encargo del biberon del pequeño. Hay tiempo suficiente para llegar al hospital a la hora de la citación pero la cosa empieza a complicarse... Cuando tengo cambiado y vestido Mario y a punto de darle su biberon va y... ¡se caga!. Dios ¿no podías haberte cagado antes?. Para colmo Julia empieza hacer posturas de modelo frente al espejo del baño y el reloj avanza. Mi pulso empieza a subir, noto ya la presión del reloj y mi tono de voz ya no es tan amable.
Julia quiere que le cambie los calcetines que los que le preparé le molestan en un dedo. El nano se levanta de su silla y casi se cae al suelo; que lindos son los niños ¿eh?.
Como me temía salimos a las 7:45 h de casa hacia el garage a por el coche. Antes de de salir a la autovía una cola de infarto, ¿que pasa, nadie quiere ir a trabajar?. Hora de llegada al hospital 8:24 h, después de lograr aparcar.
Hasta aquí el único problema es que Julia ya no llega a las 9:00 h al colegio. Llego a la ventanilla de recepción en pediatría y... ¡Dios, la documentación!. Me había dejado la hoja de datos del urinocultivo en casa. En ese momento si me pinchan no me sacan sangre de lo frío que me quedé. Hablo con la enfermera, le cuento lo que no está escrito y bueno, no pasa nada, me hace otra hoja y a la faena, a lavar a Julia y a que deposite su orina en el pertinente frasquito. Aquí es donde yo estaba más tranquilo, Julia puede orinar cuando quiera. Cuando era más pequeña la recogía del sofá dormida y la llevaba a orinar antes de acostarla y orinaba dormida, solo con decirselo. La lavo y... -Venga Julia, mea aquí. Que si quieres morena... 25 minutos para que mease medio frasco la niña. Le di agua, le abrí el grifo del baño, que dicen que con el ruido del agua entran ganas, el pequeño se me vuelve a salir del carro y sale corriendo con un juguete de una nave espacial que llevaba para entretenerlo. Cuando lo cojo, como tiene ese caracter que cuando tengas 6 o 7 años me hecha de casa, lanza la nave espacial y casi le da a una señora que estaba sentada. Yo pienso -como esto siga así me ingresan a mi hoy.
Total que entrego la muestra y pitando para el colegio. LLegamos a casa, desayuno de Julia y al cole, hora de entrada: 9:50 h.
Dejo a Mario con mis padres porque yo tenía que entrar al trabajo a las 10:00 h. Salgo pitando y llego, con suerte a las 10:30 h. Abro mi taquilla y... ¡la ropa! me he dejado la ropa del trabajo en casa. Trabajo en una fábrica y llevo mono así es que me dirijo dentro con vaqueros y una camisa de cuello de botones, me miran los compañeros y me dicen ¿que te han hecho jefe?
Aún no me había tomado ni un mísero café.
Hasta la hora de la comida ni os cuento la faena que tenía, pude tomarme el café hacía las 11:30 La faena era tan mala que cuando me dí cuenta eran más de las cuatro de la tarde, una mala leche encima y el encargado que le da una subida de tensión y se va al hospital. Pero si la subida de tensión me tenía que dar a mi, que mal repartido está el mundo. Total que me quedo solo con su faena y la mía. Se acabó la comida así no engordo. La tarde continua igual o peor, atascos en la producción, pedidos latimosos, etc... yo estaba ya muerto. Me dolían las rodillas, estaba sin probar bocado desde la noche anterior y la producción era penosa. En fín ya eran casi las 21:00 horas y a las 22:00 me iba a casa. ¡Ni lo sueñes Alfonsito!. A las 21:50 h me sale un pedido imposible, si imposible. Yo no sabía como programar aquello en el ordenador de la Slitter, era una caja rarísima. La verdad es que no era tan rara pero yo ya no podía más, mi cabeza no respondía y me quedaba mirando la pantalla del ordenador con la mirada perdida no se sabe donde. Viene mi relevo y yo no puedo dejarle el panorama así. Me quedo para ayudarle a ordenar todo aquel caos y salgo a las 23: 12 h con mis vaqueros y mi camisa de botones que parecía que salía de una mina.
Hora de llegada a casa 23:35 h y con un café de máquina barata en todo el día.
En casa todos dormidos, Mª Angeles se levanta del sofá y pregunta por el día y por el urinocultivo y me dice que va a bajar mi vecino para que le busque una cosa por internet.
¡Una pistola es lo que voy a buscar por internet! Yo solo tengo ganas de cenar y acostarme y... ¿vamos a tener una dulce tertulia en la red? El muchacho solo quería que le imprimiese un anagrama pero hasta eso sale mal porque mi impresora la tiene Lolo, otro amigo mío que me la pidió hace un par de semanas.
Por fín ceno y puedo acostarme, pero tengo una tensión tan grande en el cuerpo que estoy aquí escribiendo este post para relajarme antes de ir a la cama.
Como dice el saber popular "Mañana amanece de nuevo para todos" y espero que el día sea mejor o por lo menos pueda comer.





